La espera es una mi*r*a en 7 pasos

Esta magnífica entrada, la número 101 del blog, no es mía. La tomo prestada de otro blog que he conocido recientemente que se llama http://familia-adoptiva.blogspot.com.es/ de Chile. Le doy la enhorabuena a su autora porque leyéndolo me he sentido muy identificada y ha conseguido que me ría con las cosas que a veces me enfadan.siete
Aquí la dejo:

  1. El nido imposible: Caminas tranquila por el centro comercial cuando te ataca el escaparate de la tienda de bebés… comprarás ese lindo pantaloncito azul o el bonito vestido rosado? Simplemente no sabes.  No sabes si tendrás un niño o niña, no sabes su talla, no sabes su peso. Ni siquiera sabes si tu hija ya nació!   Te atreves a entrar.   Después de todo tú eres una madre que (des)espera.   Ahí encuentras una promoción imperdible de biberones junto a los platitos para comida.  Y, otra vez, no sabes.   No sabes qué edad tiene, no sabes si usa chupete, no sabes si ya tiene dientes para lavarle.  Y aun cuando todo el tiempo piensas en que ojalá tu hija tenga suficiente abrigo, no te atreves a comprar esa manta.  Sales directo al patio de comidas para encontrar una solución hipercalórica para tu frustración y en la mitad del camino regresas con paso decidido y compras una cuna (y un juego de sábanas, un cobertor, unos cuadros para la pared, un par de peluches…).  Llegas  a casa y tu marido baja la cabeza mientras te ayuda a descargar el auto.  Juntos, entre angustia e ilusión, decoran una pieza con colores neutros.  Y dos meses después, cierras la puerta porque pasar por ahí y verla (todavía) vacía te duele.  Lo peor de la (des)espera es que no existe fecha de llegada.
  2. El sello de aprobaciónEl psicólogo necesita (sólo) un sesión más? Y tú conoces a tantos padres biológicos que deberían, de verdad deberían, ir un par de veces! La trabajadora social visitará tu casa (otra vez)? Y, en las noticias de la tarde, pasan un reportaje sobre niños viviendo bajo un puente.  La agencia necesita que llenes un (nuevo) formulario?  Respiras profundo, sonríes y vuelves a juntar los certificados necesarios.  A nadie le preguntan “serás un buen padre biológico?”, mientras tu (des)esperas pacientemente, cumpliendo una serie de requisitos que probarán tus competencias como mamá.
  3. Las frases inocentes: Nunca falta la persona que te dice algo así como “y, hay novedades?”… Respondes que no, que el proceso sigue su curso normal pero estas cosas son lentas. Entonces agrega “pero si hay tantos niños por ahí”… Respiras profundo y explicas que cada vez hay menos embarazos no deseados y más programas de apoyo para que las familias puedan hacerse cargo de sus hijos y que crees que ambas son buenas noticias aun cuando prolonguen tu (des)espera. Y con los ojos llenos de admiración te dice “Eres una gran persona, lo que haces es una gran obra”… Otra vez, respiras profundo y  con el tono más cordial posible aclaras que no quieres hacer una obra sino ser mamá. Luego, te confiesa  “yo no sé si podría”… Esta vez sonríes y calmadamente respondes que, así como lo dice, la adopción no es para cualquiera.  Y para rematar pregunta “no te preocupa que…” Pausas y piensas bien antes de contestar, la verdad es que sí te preocupa, tanto como a cualquier otra futura madre, porque las hijas llegan como llegan, sea por un embarazo o por adopción, y es el trabajo de las madres sacarlas adelante.
  4. El rastro de la cigüeña: Invitación a un baby shower! Aceptas con una sonrisa sincera, tu compañera de trabajo que va a tener su (segundo) hijo mientras tu (des)esperas por la tuya.  Ser parte del club es mejor que enterarte por Facebook que tu mejor amiga de la universidad tendrá gemelos y “no supo cómo contarte porque tú…”.  Porque tú también estas esperando a tu hija? Tal vez deberías llevar un cartel que diga “mujeres embarazadas, no oculten su barriga frente a mí”.  Hace mucho tiempo que dejó de doler cuando te muestran un ultrasonido, hace mucho tiempo que dejó de enojar cuando te cuentan que no lo estaban esperando. Verdad? Hace mucho tiempo que no añoras un embarazo, sino sólo tener a tu hija en brazos.
  5. El anonimato: No hay hormonas que hagan tu pelo más brillante y tu piel más tersa, así que la (des)espera no te hace brillar sino que aparentemente todo lo contrario. No hay inmensa barriga que te ceda un asiento en el autobús, así que mejor usa zapatos planos.  No hay pretexto para comer por dos, así que no justifiques tu (aumento) de peso.  No hay motivo para dormir siestas más largas, no hay razón para renovar el guardarropas, no hay ventas especiales, no hay productos de belleza específicos, no hay comerciales significativos por el día de la madre.  El mundo exterior, por lo general, no reconoce la existencia de esta forma de convertirse en mamá.
  6. El Gran Hermano: Quieres cambiar de trabajo? Tendrías que dar aviso a la agencia, ya que tu nivel de ingresos y actividad laboral son parte de varios formularios.  Quieres cambiar de casa? Tendrías que dar aviso a la agencia para coordinar otra visita.  Quieres salir de vacaciones? Tendrías que dar aviso a la agencia y dejar números de contacto.  El médico dice que debes realizar esa cirugía? Tendrías que dar aviso a la agencia de cuánto durará la recuperación.  Murió tu suegra querida? Tendrías que dar aviso a la agencia por el periodo de duelo. Terminaste un curso de postgrado? Tendrías que dar aviso a la agencia para volver a cambiar los formularios.  Estas leyendo este post? Tendrías que dar aviso a la agencia!
  7. La adicción al móvil: Lo único que terminaría con tu agónica (des)espera es una llamada por teléfono que diga “tu hija llegó” pero cuando revisas tu celular, está agotada la batería! Así que almuerzas de pie junto a esa columna del restaurante que tiene un enchufe.   Suena el tono de llamada perdida.  Una es tu tía preguntando si hay novedades, otra es un número que no conoces. Pánico.  Llamas a tu marido y te cuenta que a él no lo han llamado.  Seguro en la agencia lo llamarían si no logran localizarte. Solo por si acaso, devuelves el llamado.  Es un call center de seguros de vida. Cuelgas rápidamente y a los pocos segundos suena el tono del teléfono.  Es un vendedor devolviendo tu llamado.   Suena el tono de notificación.  Es alguien actualizando las fotos de su mascota en Facebook.  Suena el tono de correo electrónico.  Es un mail masivo con una promoción de zapatos.  Está claro, la (des)espera te hizo adicta al celular.  Hasta que una día, sales corriendo de un ascensor con mala recepción de señal… te están llamando de la agencia
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